domingo, 10 de julio de 2011

Pochi

escribo en tus párpados caídos


Se que es una locura.

Alzas el brazo ganador con un soplido de tu boca,

y los edificios se derrumban sin saber por qué.

Ojos escuálidos ante tu mirada,

y una obscena sensación ante el silencio de estar en tu casa.

Es una locura querer follarte de tantas maneras diferentes.

Lo sé y no freno mis pensamientos.

Me deslizo como si tu cuerpo fuera hielo lleno de calor.

Caigo en tí, al mismo tiempo, como si todo se derritiera

y naufragara en tierras movedizas hasta hundirme sin poder ver la realidad.



Y te escribo al irme Adiós en tus párpados caídos,

donde me escondo cuando miras, donde aparezco cuando cierras los ojos.

Nunca puedes verme, ¿no es así?

El corazón es una bomba en el último segundo eternamente.

Y odio que no explote,

porque la sensación de estar volando por los aires, destrozado,

es la misma aunque nunca lo haga.

Odio que no explote todo, porque quiero enseñarte donde es donde yo vivo.

Sí.

El mundo morado, Pink Floyd y los payasos de debajo de mi cama.

Las montañas que me arropan, y el papel de plata esparcido por el suelo.



Naufrago en un vendabal solitario que no para de beber.



Y tú y tus manos rozando mi cuerpo,

y tú y tus dedos escondidos bajo mi bomber,

mientras mis latidos son marionetas de voces extrañas que a veces no reconozco.



No es lujuria en donde existe el miedo.

Y tiemblo.

Sí.

Tiemblo igual que el eco que sabe que se apaga.

Yo me apago también cuando soplas y me toca caer.

Qué puedo hacer yo.

Caigo hasta perderme dentro de mí huyendo del terror a lo desconocido,

de seguir sin poder dormir al acabar el quinto cuento que me lees

de seguido y con las manos vacías,

enfrentándome al sudor febril de escuchar tu voz sin pausa.

Sigue leyendo, por favor.

Ayúdame a saber qué voz tiene el silencio.

Y escuchémosla sin pausa hasta que me diga que puedo hablar.

Y él muera, y yo tiemble otra vez de no saber qué decirte.

Y él renazca, mientras yo muero escribiéndote mierdas como estas,

que sé que nunca leerás

aunque follemos sin parar durante meses.

Casi días.

Casi segundos.

Casi.

Mañana será otro día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario