domingo, 10 de julio de 2011

Pochi

somos los siglos

Han creado pabellones de urgencia para locos

donde una vez dejé un cigarro apoyado en un cenicero,

de donde ahora el humo sale por las chimeneras huyendo hacia arriba.

Han creado guerras de diez dedos para mis tardes devastadas

donde entre las uñas y la carne solo había hueco para trozos de piel por el picor del mono.

Hemos comido malas hierbas para poder ver el horizonte,

pero envidio a los caracoles que nunca se aburren a pesar de todo.



…la historia comienza poniendo una letra en el centro de la hoja…



Soy el de siempre, el que tropieza y destroza ciudades,

o el que recoge las narices rojas de los payasos cuando miran al suelo y se caen.

El idiota que sabe que sopla telerañas con la mirada al fin y al cabo.



Mataron también a mi marioneta plana,

la que se recogía entre hojas y se apostaba todo tras la luz de una luciérnaga muerta.

La que cambió tres noches de olvido nulo,

por tres cientos sesenta cuatro días de recordar uno que cumplía un año.

Sí, dibujaba como un soplido de alivio

y yo me limitaba a escoger canciones que pudieran ser libres en otro momento,

mientras conducía a todas horas con una postal de Paris en el limpiaparabrisas.



…Bob dylan murió cerca de mi barrio y nadie se ha enterado…



Estoy en la roca de tu paciencia con mi piel en tonos morados.

Hago ventosa con mi boca en la gravedad que se cae

corriendo sin saber si algún día llegaré al otro lado.

Soy como la lluvia que cuando cae con fuerza parece que rompe sus propios charcos

y recuerda, gota a gota, que nada seca la humedad de los huesos calados.

Escucho el sonido de un palillo en la boca de un viejo,

que mastica hojas secas y las aprieta entre sus dedos amarillentos.

Él es el otoño jugando con los colores,

el infinito vencido con los ojos abiertos de un niño,

o una grieta de una pared donde se esconde una rueda que pierde aire poco a poco.



…Un ojo se asoma por mis pestañas y no es el mío, y me hace cosquillas…



Cierro un libro que cae cerca de un perro que sueña,

y yo duermo plácidamente,

y creo que los tres juntos, y ahora, somos el reflejo de todos los siglos que no se escribieron en ninguna parte.

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