viernes, 20 de mayo de 2011

Segunda Lectura: Pochi

TUS DEDOS


Tus dedos, tus dedos que se clavan en la piel
Pero la piel se vuelve arena, arena de desierto y playa a la vez,
Y no existe el dolor.
Nos envolvemos de sangre. Tus labios, mis labios y nos embriagamos con ella.
La sangre que salpica los manteles y las cortinas de una casa que aún no conozco.
Que salta en millones y millones de partículas esperando una respuesta.
Que saltan como si un rayo cayera cuando suena un portazo seco.
Puertas pintadas en la pared, puertas que llevan a los sueños.
Cuando damos vueltas. Cayendo, cayendo…
Los rayos de luz que se mezclan con el viento, y el Sol y los ojos cerrados
Y tu piel que sabe a sal cuando ríes
Y a nieve cuando recordamos que solo hay pared llena de pintura
Igual que el desierto que nunca avisa cuando llega
Igual que nosotros que nunca avisamos cuando llegamos, y por eso nos agrietamos de sequía.
Allí muero. Y pierdo la vista. Y hago que me desmayo del miedo.
Los buitres llegan mientras tu te vas cubriendo de arena.
Y tu cara sin rostro me dice que muera de una vez, que me abandone antes del último portazo
La arena y el agua que siempre agarro y se escapa entre los dedos.
Mis ojos vuelan por el cielo en el pico ensangrentado de algún buitre.
Y llueve porque lloro.
Sólo mi muerte lleva la lluvia al desierto.
Una vez tras otra. Cuando me das la mano para que me abandone
Y miras al vacío o al infinito sonriendo
Y me agarras con los ojos y me zambullo por tu ombligo hasta que me quemo.
Y tiembas de terror,  y yo me emborracho.
Y de la soledad van saliendo burbujas llenas de las cosas que no se pueden explicar.
Llegan al final pero parece que nunca explotan.
Y aclaramos la mirada turbia, levantamos las orejas como un perro
Y corremos por la ciudad buscando nuestras manos
Corre, corre, corre.
La ansiedad y no llegas, empiezas a dejar de creer en ti.
Corre, corre, corre.
Y la taquicardia de saber que has perdido el sentido de la realidad.
Y al final siempre llegamos a tiempo para volver a pintar las paredes.
Y nos corremos, y la burbuja explota dejando la calma en todos los rinconces.
Explota como si le cayera encima un rayo.
Si ya se, un portazo seco.
Y nos besamos y nos volvemos escurridizos llenos de sangre tibia.
Tus labios, mis labios embriagados de las cosas que no se pueden explicar.
De sangre, de millones de partículas que esperan una respuesta.
Si, ya se, una burbuja que parece que nunca explota.
Y después nacemos, y ni siquiera podemos preguntarnos:
¿para qué vivirlo todo si al volver a nacer ya no recordamos nada?
Oh, y ahora estoy aquí. Oigo tu latir apagado e indiferente.
Me gusta estar aquí dibujándote puertas pero siempre escondido.
Donde nunca puedes verme.

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