viernes, 20 de mayo de 2011

Primera lectura: César

1-

Escribí un relato breve
cabía en el canto de un sello de correos.
Lo rasqué sobre una bala
y disparé al azar a la multitud.
Alguien captó mis palabras
las retuvo durante un instante
y luego flotaron en el aire
como roja lluvia
sin que nadie pudiera ver su sentido,
estando, como estaban,
aturdidos por el ruido.

2-
Nuestro amor fue una exhibición de atrocidades estancada en una sala vacía de una exposición de arte moderno. Los cuadros, sin gracia ni sentido, flotaban sobre esperma florido y se escurrían por las paredes en extrañas geometrías. Los paseantes que entraban por error salían después de asomar la cabeza, asustados y llenos de asco. Aquella creación enferma de una mente senil que se había reproducido por mitosis resultaba tan fértil, tan estimulante a la imaginación, que hacía brotar fetos en los ojos de los espectadores. Todo duró apenas unas horas, antes de que la policía del pensamiento fumigara la sala completa, incinerara los cuadros y ejecutara al autor: la célula de aquella barbarie. Los espectadores que lo vieron fueron igualmente decapitados para que no quedaran testigos y monos de tres cabezas con trajes de cuero se follaron sus cabezas por el cuello para destruir completamente las pruebas.
El resto es Historia del Arte.

3- Los vecinos lanceros
En cada discusión que tenían los vecinos tiraban algo por la ventana. La mayoría de las cosas quedaban en el piso, pero siempre había algo que acertaba a buscar la calle. Un día fue un vaso de cristal, otro un sofá de cuero. El caso es que se iban mudando sin demasiado secreto.
Hasta que un día, cuando ya nada quedaba en el piso, se tiraron el uno al otro.
Nadie le dio demasiada importancia -salvo quizás yo-, pero recuerdo que los nuevos vecinos estaban entrando antes de que los otros tocaran el suelo.
Y así acaba la crónica de una mudanza anunciada.
Aunque creo que hoy escuché un vaso golpear la acera...

4-
Eras como un libro abierto.
Pero con vagina.
Podía ver dentro de ti y leer en el reverso de tus venas. Así descifraba tus historias antes de que me las contaras y sabía más de ti que tú misma.
Pero cuando dormíamos juntos de noche me sentía como un desconocido, como un extraño en tu cama. O en tu cuerpo.
De noche tus venas resplandecían iluminando el cuarto: tu luz asesinaba a la oscuridad y escondía su cadáver bajo la cama. El techo vivía plagado de sombras y formas, como las constelaciones del cielo nocturno.
Esto duró días y noches, hasta que, saliendo de un sueño sin salida, me encontré con tus ojos abiertos en la cama. Me miraban con una extraña expresión: como se inspecciona al extranjero que pide un visado para quedarse. Y yo sin mis fotos de carnet...
Tus ojos, abiertos, en la cama, y tú detrás. Escondida tras una mirada.
Te abracé acariciando tu piel y te toqué un pecho. Puede que en alguna realidad paralela todo esto tenga sentido, pero en la nuestra no: me diste la espalda, te apretaste contra mí y empezamos de nuevo a follar.
Lo que sea por un visado de estancia permanente.

5- Paranoia

Como un puto gurú: 24 horas sin comer y en estado de alerta.
Apuntando por la ventana con un rifle sin balas.
Hay papel de periódico desperdigado por el suelo
Las fotos parecen manchas de sangre.
Llaman a la puerta pero no pienso abrir.
También suena el teléfono, a pesar de que lo he descableado.
A oscuras, tumbado en el suelo, el techo parece a punto de caer sobre mí.
Parece que ha vuelto a entrar aquel enano
que se esconde en las sombras.
He encendido todas las luces.
Espero que nadie me vea desde la calle.
La bomba que traje no ha estallado.
Escupo sangre
y se me caen los dientes.
Esta droga estaba caducada.
Los cristales estallan hacia dentro: parece que hay alguien disparando.
Siento que las balas me atraviesan como queso fresco.
Salto por la ventana intentando caer en la piscina.
Me equivoqué: era un coche azul.
Azul y rojo, desde que me estrellé contra él.
Desde aquí se ven las estrellas. 
¿O son visores apuntándome?

No hay comentarios:

Publicar un comentario